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sábado, 9 de octubre de 2010

James Dean y su última película: Gigante (Giant, 1956)



Un 30 de septiembre de 1955, hace 55 años, moría el que estaba llamado a convertirse en el nuevo Rey de Hollywood, y con motivo de este reciente aniversario, os hablaré hoy de este "rebelde sin causa."
Tres películas le bastaron para encandilar a todo un país; a toda una industria, que buscaba nuevas caras; así como a una nueva generación de norteamericanos que también buscaba otros ídolos, diferentes a los de sus padres. Sin embargo, un fatal accidente de tráfico truncó su vida.

Atormentado como los personajes a los que puso rostro en la gran pantalla, a día de hoy es uno de los iconos más representativos y una de las leyendas más grandes del cine.

James Byron Dean nació en Marion (Indiana) un 8 de febrero de 1931, año en el que, por ejemplo, se estrenaron Luces de ciudad, primera película sonora de Chaplin o Mata Hari, protagonizada por Greta Garbo.

Desde su adolescencia sintió la llamada de la interpretación y comenzó actuando en pequeñas obras teatrales por varios pueblos hasta que consiguió papeles muy pequeños para la televisión, e incluso participó en un anuncio de Pepsi. Pero su suerte cambiaría en 1951, cuando deja los Ángeles para trasladarse a Nueva York para estudiar interpretación en el prestigioso Actor's Studio.
Una vez allí, actúa en Brodway y en el circuito Off Brodway, y tras participar en unas cuantas películas, en algunas incluso como figurante o extra (a veces "no acreditado") Elia Kazan se fijó en él para protagonizar su primera película, que además le valió su primera nominación al Oscar, Al este del Edén.

Después vendrían Rebelde sin causa, su película más emblemática y recordada y sin duda alguna, por la que ha pasado a la historia. Tras ella la que hoy nos ocupa en este blog, Gigante. Tres "peliculones" y tres "taquillazos" como tres soles.

Trece días antes de morir, compró un Porsche al que pondría el nombre de "Pequeño bastardo", y unos días después rodó un anuncio para la televisión en el cual advertía a los jóvenes sobre los peligros de la combinación coche-velocidad.
Este spot publicitario puede verse en una edición en DVD de la película Rebelde sin causa y en él dice una frase que reza más o menos así: "Cuidado con la velocidad de su coche, porque la vida que pueden salvar sea la mía."



El magnetismo y sex-appeal de James Dean ha sobrevivido al paso del tiempo manteniéndose prácticamente intacto y convertiéndose en todo un referente para las nuevas generaciones de actores y aficionados al cine.



La verdad es que una película con semejante título corría el riesgo de quedarse en lo contrario... pero nada más lejos de la realidad, la película es una auténtica obra "titánica."



Nos encontramos ante un drama dirigido por George Stevens y con un guión adaptado por Fred Guiol e Iván Moffat a partir de la novela de Edna Ferber. Uno de los puntos fuertes de la película es que se trata de la última interpretación de James Dean antes de su muerte y que le valió su segunda nominación a los premios Oscars.
En el año 2005 la película fue seleccionada para su conservación en el National Film Registry en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos por ser "cultural, histórica y estéticamente significativa."



Bick Benedict (Rock Hudson) es el jefe de una hacienda ganadera texana, y acude a Maryland a comprar un pura sangre semental, propiedad de Leslie (Elizabeth Taylor). Allí se relaciona con la alta sociedad de la zona y hablan sobre las diferencias entre los paisajes y estilos de vida entre el norte y el sur del país, y poco a poco , y a pesar de las "rifi-rafes" iniciales, Bick y Leslie terminan enamorándose y casándose, por lo que se trasladan a vivir a Texas.
Las diferencias entre las costumbres de ambas zonas del país, y el comportamiento de la hermana de Bick, Luz (Mercedes McCambridge), hacen que la situación se torne insostenible.
Mientras todo esto sucede, aparece en escena Jett (James Dean) que trabaja para la hacienda, pero los desencuentros con su jefe son constantes por lo que le despide, sin embargo es contratado nuevamente por Luz. La relación entre ambos es tan estrecha, que cuando ésta muere le lega un terreno en el cual descubre petróleo, ahora él también es rico y podrá tejer su venganza contra Bick... un odio que se extenderá a lo largo de las sucesivas generaciones Benedict.



La película, muy extensa y con gran empleo de los escenarios naturales como catalizador tonal, mantiene un ritmo adecuado en sus dos primeras horas, acelerando la sucesión de los hechos a partir de la última hora, lo que hace que el drama y la emoción estén a flor de piel.

El film es un reflejo de cómo la industria del petróleo transforma la economía de la zona. Además, ahonda en temas tan diversos como "los nuevos ricos", la segregación racial y el clasismo.



Gigante se estrenó en noviembre de 1956 en Nueva York con un despliegue "galáctico" de estrellas y artistas del mundo de la música, el cine y el teatro, de hecho fue retransmitida en directo por todas las televisiones de "la gran manzana."
Fue la película más taquillera de la Warner Brothers hasta que estrenaron Superman.



El reparto inicial iba a ser muy diferente de éste: en un principio se pensó en William Holden para el papel de Bick, pero el estudio impuso a Rock Hudson. Una vez hubo firmado el contrato le dieron a elegir a quien prefería como compañera femenina, si a Grace kelly o a Elizabeth Taylor. Finalmente se decantó por su íntima amiga.
Respecto al papel de Jett, George Steven vió en Alan Ladd el cándidato ideal, pero su esposa se lo desaconsejó, por lo que se mandó llamar a James Dean.



El film estuvo nominado a 10 Oscars: mejor película, mejor director (única categoría en la que resultó vencedora), mejor actriz principal, mejor actor principal (tanto Hudson como Dean), mejor actriz de reparto, mejor guión adaptado, montaje, dirección artística en color, música y vestuario para una película a color.

Hasta la próxima entrada corazones.

sábado, 22 de mayo de 2010

Un lugar en el Sol (A place in the Sun, 1951)

Hola a todos de nuevo corazones, tras casi un mes de ausencia forzada, vuelvo con esta magnífica película. Antes de nada, me gustaría agradeceros a todos vuestros comentarios de mis entradas anteriores y a Bruja Truca agradecerle el que las publicara por mí. A todos, gracias.
El film de se trata de una maravillosa historia de amor, que aunque en principio su argumento parezca un tanto trasnochado (chica rica se enamora de chico pobre), cuando la estás viendo, comprendes que es algo más.
George Eastam (Montgomery Clift) es el sobrino de un fabricante de bañadores de mujer y es contratado por éste. Allí conoce a Alice (Shelley Winters), una compañera de trabajo con la que inicia una relación en secreto, pues las normas de la empresa establecen que los trabajadores no pueden mantener ningún tipo de relación amorosa e íntima entre ellos.
Poco tiempo después, George, es invitado a una fiesta donde conoce a Angela Vickers (Elizabeth Taylor), una joven de la alta sociedad y de la que queda totalmente enamorado. Pronto comienzan una relación y piensan en boda.
Sin embargo, Alice está ahí, y es más, embarazada. George únicamente piensa en deshacerse de ella, pues puede truncar sus planes de ascenso social y su boda con Angela (de la que está realmente enamorado). Tramará un plan, pero en el último momento se echa para atrás... ¿o puede que no?
La cinta está basada en una obra de Theodor Dresier, Una tragedia americana.
En su visita a Hollywood a comienzos de los años 30, el cineasta soviético Sergei Eisentein, se fijó en esta novela para hacer una adaptación cinematográfica. En el estudio no hizo mucha gracia esta idea, por lo que le preguntaron al director el por qué de esta decisión y qué pensaba él sobre el protagonista del libro y sus circunstancias. El soviético dijo tajantemente: la culpa de todas las desgracias de los personajes la tiene la sociedad y los valores del capitalismo. La respuesta del estudio fue aún más tajante, le despidieron.
Sin embargo, los derechos de la novela ya habían sido adquiridos, y en la Columbia no andaban como para ir derrochando el dinero, por lo que mandaron llamar a Josef von Sternberg. El alemán, sin su descubrimiento más preciado, Marlene Dietrich, y sin su habitual cinismo soterrado, confió el guión a Samuel Hoffenstein, en una ardua lucha con Dresier por adaptar el guión. El resultado fue Una tragedia humana, con Sylvia Sydney, Phillips Holmes y Frances Dee en los papeles principales.

Veinte años más tarde, George Stevens fue el encargado de darle otra vuelta al asunto.
Se entendió a la perfección con Michael Wilson y Harry Brown, responsables del guión, y eligió a quien él consideraba que era el mejor director de fotografía del momento, William Mellor.
Los papeles protagonistas fueron para la jovencísima y sin embargo veterana Elizabeth Taylor, el retraído, extraño y sensual Monty Clift, y Shelley Winters.
Cuando llegó el momento de rodar surgió un problema: la Paramount no quería que la actriz Anne Revere (en la película hace de madre de George) estuviesa en la película porque había sido incluida en la lista negra de actores simpatizantes del comunismo. Stevens la quería a toda costa, por lo que el estudio tuvo que replegarse.
Con 19 años recién cumplidos, la Taylor era ya una actriz reconocida y de prestigio, y además por esta época, acaparaba toda la atención de los medios de comunicación por su boda con uno de los herederos del magnate hotelero Hilton. Para Elizabeth, mostrarse enamorada de un hombre en pantalla era un colorario necesario para su vida al otro lado de las cámaras. Por todo ello, el papel de Angela Vickers la llenó de esperanzas y se dedicó a él con todas sus fuerzas, atenta a las indicaciones del director y aún más a las del protagonista masculino.
Y es que para Elizabeth Taylor el encuentro con Montgomery Clift (del que nunca había visto ninguna película) representó un hallazgo de oro. Clift, como ella misma confesó, "es el tipo de hombre que una mujer podría cuidar." Es decir, un hombre con todas sus características externas de masculinidad, pero con una sensibilidad especial que hacía de él, más que una posible pareja sexual, un compañero y confidente ideal, un amigo para toda la vida.

Hasta algunos años más tarde, Montogomery Clift no le confesó su homosexualidad, a pesar de que en el plató de Río Rojo tanto John Wayne como Walter Brennan le hicieron la vida imposible por su condición sexual, tanto es así que cuando a Montgomery Clift se le ofreció un papel en otra película en la que estaría acompañado de John Wayne, lo rechazó sin pensárselo dos veces.

Los directivos de los estudios, que sabían de la sexualidad de Monty Clift y de la estrecha amistad que le unía con la joven actriz, cada cierto tiempo lanzaban todo tipo de rumores sobre un posible romance entre ellos.

Para Clift, la Taylor también fue otro gran hallazgo, ella no le desafiaba, con ella no tenía que hacer alardes de masculinidad, era una amiga, una confidente, una alumna.


El encuentro entre la belleza y sensualidad de Elizabeth Taylor y la belleza dulce y melancólica de Montgomery Clift cambió los estandares del romance en el cine, de la expresión de un romanticismo, dramático y profundo que hacía ganar credibilidad y fuerza a los personajes en lugar de restársela.

La cosecha de 1951 estuvo definida por Un lugar en el Sol, Un americano en París y Un tranvía llamado deseo.
A place in the Sun ganó seis Oscars de los nueve a los que optaba: director, guión, montaje, banda sonora, fotografía en blanco y negro y vesturaio para una película en blanco y negro.
No resultó vencedora en las categorías de mejor actriz de reparto (Shelley Winters), mejor actor principal (Montgomery Clift) y mejor película, que ese año recayó sobre Un americano en París.

La frase más importante de la película es simplemente maravillosa y dice: Te quiero. Te quise desde el primer momento en que te vi. Te quise incluso antes de verte por primera vez.
Un beso y hasta la próxima entrada corazones.