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sábado, 5 de junio de 2010

El demonio es una mujer (The devil is a woman, 1935)

O España "Made in Hollywood".

Podría decirse que en la película de hoy Marlene Dietrich está más sexy y glamourosa que nunca (que ya es difícil), elevando el papel de femme fatale a la categoría de arte. Jamás había visto un traje de flamenca, un mantón de manila, unas peinetas, y una mantilla mejor llevadas, y es que la alemana más famosa del mundo podía hacer que el día se fundiese con la noche.

Durante las fiestas del carnaval en una ciudad de Andalucía en el año 1890, Antonio Galván (César Romero) conoce a una misteriosa dama llamada Concha Pérez (Marlene Dietrich) empleada de la fábrica de tabacos y de la que pronto se enamora. Al mismo tiempo, Concha seduce y ridiculiza a don Pascual, o como ella le llama, "Pascualito" (Lionell Atwill), un oficial de la guardia civil que intentará quitarle al joven Antonio la idea de llegar a algo más con Concha, pues ella es la mujer más peligrosa de la que se ha enamorado...

Desde sus inicios, el cine mostró una España de peineta y bata de cola; mantón, clavel y pandereta; toros, toreros y mantillas; y a los españoles aún hoy somos representados como morenos de piel oscura y muy pasionales... y lo cierto es que las vestimentas de torero y flamenca resultan muy sensuales a nivel internacional.
España era un país exótico, y España equivalía a Andalucía... ¿y cuál es el mito andaluz más extendido? El de una mujer de rompe y rasga a lo "Carmen" (mito muy querido por la industria del cine en USA).
La película que nos ocupa hoy no sería la primera ni la última de esta temática, tanto es así que, tanto en 1922 como en 1941 se llevó a la gran pantalla Sangre y arena, basada en la novela del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez (y más tarde se realizaría otra otra versión en 1989). De nuevo, y esta vez en 1948, Rita Hayworth, volvería ameterse en la piel de una belleza andaluza que trae a los hombres de cabeza en Los amores de Carmen. La mismísima Greta Garbo debutó en Hollywood con otra obra del novelista español El torrente, basada en el libro Entre naranjos. Y en 1971, Luis Buñuel dirigiría Ese oscuro objeto de deseo.

Pues bien, von Sternberg decidió rodear de todo ello a la diva Marlene Dietrich en la que sería su última colaboración. Previamente ya se habían paseado por Marruecos (Marruecos, 1930), China (El expreso de Shangai, 1932) o Rusia (Capricho Imperial, 1934), todos ellos países de un gran exotismo y poder de fascinación, y España, según el genio alemán, era el lugar ideal para su despedida con su valioso descubrimiento, aquel diamante que había descubierto y había pulido él mismo... Marlene Dietrich.

Al igual que en otras ocasiones, la veracidad histórica y el entorno realista no era lo más importante para el director germano, ante todo, él amaba el barroquismo y lo artificial por encima de todas las cosas, y Dietrich lo representaba de pies a cabeza.

Basada en la novela francesa de Pierre Louÿs La femme et le pantin (La mujer y el pelele), al igual que en Carmen, protagonista es una belleza española castigadora.
La II República española ordenó y obligó a la Paramount, tras manifestar públicamente su enfado y descontento, a destruir todas y cada una de las copias de la cinta, pues de lo contrario se encargarían de boicotear cualquier película del estudio. Dicho y echo. El estudio se bajó los pantalones y destruyó todas las copias existentes... ¿o no?
Y es que nuestra alemana favorita, irreverente e indomable como siempre, consiguió hacerse con una copia y la guardó en su casa, y es esa la que ha llegado hasta nuestros días. La actriz la sacó a la luz en 1959, cuando se programó una retrospectiva del director.
Si no llega a ser por Marlene Dietrich jamás hubiésemos podido disfrutar de esta película. Un estudio entero se atemoriza, y una sola mujer se burla de las estúpidas imposiciones de un gobierno entero... solo ella podía hacerlo.

Como ya he dicho anteriormente, esta es la última colaboración del tándem alemán: tras el fracaso de la sibarita Capricho Imperial, Paramount decidió prescindir de los servicios del director, ya que las películas resultaban extremadamente caras y poco comerciales, pero no de Marlene.
Cuando Dietrich se enteró que el director debía abandonar el estudio, la primera reacción de la diva alemana fue retirarse con él, con él había llegado a Hollywood y él le gestionó su carrera de tal modo que no tuviese que preocuparse absolutamente por nada. Pero Josef von Sternberg se lo impidió rotundamente.
Durante el rodaje de The devil is a woman, Marlene Dietrich estuvo muy nerviosa, y hasta el último momento tuvo la esperanza de que la película fuese un taquillazo de tal calibre que Paramount volvería a contratar a su mentor. Además se sentía muy insegura, pues ella no daba el perfil de española. Al hilo de esto último os contaré dos anécdotas del rodaje: por ejemplo, que Marlene Dietrich se ponía vaselina en el pelo para que pareciese más oscuro, a lo que Sternberg le dijo "¿Es que en España no hay rubios?; la otra, que Marlene se puso unas gotas en los ojos para que se le dilatasen las pupilas y así sus ojos parecerían más oscuros, sin embargo, cuando llegó el momento de rodar una escena en que ella tenía que liar un cigarrillo y para su sorpresa ¡no veía nada!, el director se enfado con ella y le dijo que con unos simples juegos de luces sus ojos serían los más oscuros y españoles del mundo.

Importantísimo es de destacar el vestuario (diseñado por Francis Banton), la dirección de arte, y la iluminación y la fotografía (como en todas las películas del alemán).
La fotografía, fue galardonada con el premio a la mejor fotografía en el Festival de Cine de Venecia.

Marlene Dietrich confesó una vez que esta era su película favorita y en la más bella se había visto.

El reparto que la acompañó no era para nada espectacular y aunque no está mal, podemos decir que está y punto... pero eso en parte es porque nadie, absolutamente nadie, puede hacer sombra a la diosa alemana Marlene Dietrich.
Un beso, y hasta la próxima entrada corazones.